“Voglio solo dimenticare quei vecchi rancori, ancestrali ricordi, e sciogliere le catene del cuore”. Dice Ylenia Ely en las catenes del cuore en masticadoresItalia

Hace unos días la Sra. C. en una comida familiar mirándome tras sus gafas redondas y llenas del abrigo de las ilusiones jóvenes, dijo: “Juancho, ¡últimamente dices muchas palabras argentinas! Quiero defenderme ante ese paso en falso al ver que la memoria regresa con fuerza y bate cada espacio de nuestra vida, pero no tengo argumentos, como la frase de Ylenia, —que aparece arriba, esta jovencísima editora y escritora de Masticadores nos habla de los viejos rencores, o los recuerdos ancestrales que nos rodean golpeando a nuestra puerta. Quieren decir que el pasado es tan sustancial que algunos quieren apartarlo, u otros no le dan ese sitio que se merece. O algunos mayores de edad les sitúan a la cabeza de sus reflexiones.

A veces me sorprende la pregunta: ¿Cuál es el espacio que le debemos dar a la memoria en nuestras vidas? Ayer en una serie de las de domingo donde uno se deja llevar entre la siesta, los lazos de amor familiar y estas ficciones, un médico de provincia casi al final de su vida era atacado por el Alzheimer. De repente la memoria seria asolada por la destrucción de aquello que hemos logrado guardar para ser sustituida por el vacío. Si, sé que los lunes algún lector ya desea desaparecer de esta reflexión, pero situémonos en la escritura de nuestra joven editora italiana que vive en Cerdeña, casi en el lateral de dos estados poderosos, y la memoria sería una cuidadosa selección de las cadenas de nuestro corazón.

Por ello amigos, elijamos bien que nos rodea y sus beneficios se verán de inmediato. La memoria es una invitación a usar la potencia de las decisiones con libertad y pasión, pero sin dejar de ayudarnos por un cierto frio del cerebro.

¡Oh Dios! ¡Es difícil vivir! —diremos a coro. Y que inmenso trabajo del alma, —recitarán los recién llegados.

Notas:

*Gabardina, la palabreja que me asalta desde mi pasado argentino: Prenda de vestir impermeable, de manga larga, que cubre el cuerpo hasta la rodilla, va abierta por delante y se pone sobre otras prendas para protegerse de la lluvia o el viento.

“al salir me levanto el cuello de la gabardina, viene un aire hostigado y ha empezado a llover”

*Juancho, forma familiar que mi familia utiliza para llamarme.

Una risposta a “Gabardina by j re crivello”

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