Torre sarracena Torre sarracena en lo alto de un promontorio contra la ligereza del cielo Tú, solitaria, todavía te quedas el ojo atento del vigía que se asoma al azul de la niebla las velas de un barco enemigo. Durante todo un verano, en días que siempre eran los mismos, de niño, miraba tu forma…
Torre sarracena
Torre sarracena en lo alto de un promontorio
contra la ligereza del cielo
Tú, solitaria, todavía te quedas
el ojo atento del vigía
que se asoma al azul de la niebla
las velas de un barco enemigo.
Durante todo un verano, en días que siempre eran los mismos,
de niño, miraba tu forma cuadrada.
Los bordes erosionados por las lluvias, los mirlos carcomidos por los vientos
le daban a tu figura el aire de un mago
con la cabeza envuelta en una venda celestial.
Al pie del promontorio, rocas oscuras y silenciosas
bañadas por el mar lento y dócil como la dulce criatura
de un mundo que existía en mi fantasía.
Si hubiera tenido la mirada de un pintor
y en el corazon tu color de vieja piedra
te hubiera imaginado como un profeta
envuelto en un manto de luz
anunciando con ojos oscuros
un mundo tan diferente a este.
Nunca he vuelto a mi tierra
y me rebajé al dominio de vivir
en este mundo inaceptable.
Ahora tu mirada de centinela
escanea dolorosamente mi corazón.
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